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En la vida hay situaciones a las que sin darte cuenta has llegado como de repente, espontáneo. Eso me pasó un poco a mí.

María Romay en la Xperiencia Kilimanjaro

Mediados de julio y yo me encontraba bailando y cantando, en Tanzania, con personas a las cuales, la mayoría, no conocía hace apenas unos días. Unos tanzanos, otros españoles… pero todos juntos.

Y si bien, no sabía muy bien el que me había llevado allí, si sabía el que lo había hecho posible.

Lo hizo posible mi curiosidad, la amabilidad de @diabetes_de_altura, mi cabezonería en que quería realizar ese viaje, El Poder del Chandal y Trainsplant por crear, desarrollar y aceptarme en este proyecto; el esfuerzo, trabajo y compañerismo de todos los integrantes del viaje por hacer posible una experiencia así. De vida.

Así que, lo primero, gracias. Y con esto quiero referirme a El Poder del Chandal y Trainsplant pero también a todos los corazones que han hecho esto posible (me sería imposible mencionar a todos).

Gracias por permitirnos darnos impulso. Por confiar en que gente con diabetes, podamos hacer experiencia de montaña a 5000m, que podamos viajar… pero sobretodo gracias por mostrar que tenemos mucho que aprender y mucho que enseñar al mundo. Que las limitaciones nos las ponemos nosotros y aquellas miradas que juzgan. Sea lo que sea.

Gracias por esas palabras de ánimo en momentos exigentes, por cada paso juntxs, por cada risa, por cada banquete de cena y energía necesaria de desayuno. Gracias por abriros, tanto la gente local como aquellos que íbamos a descubrir. Gracias por cuidarnos, unxs a otrxs, siempre. Por permitirnos caer, pero darnos la mano para levantarnos.

Y si queréis saber más pues sí, hubo polvo, mucho polvo. Y una hoguera a la luz de la luna, y muchos bailes, y muchas motos. Hubo lágrimas y risas, y abrazos, muchos abrazos. Y pintamos un colegio y nos enseñaron a jugar. Y aprendí un poco de Suajili porque ellos aprendieron un poco de mi lengua. Y les dimos lo que sabíamos y podíamos en cuanto a sanidad. Y compramos en sus mercados y lo compartimos. Y ellos compartieron su vida con nosotrxs. Y eso es mágico.

Y no, no llegue a la cumbre del Kilimanjaro. Pero ¿Sabéis que? Duplique en altura mi récord previo, aprendí a dejarme ayudar, y ayude. Y superé el frío al que tanto miedo tenía. Y pude ver amanecer y anochecer y por encima de las nubes. Y me cantaban, a mi lado. Y yo sonreía a 5400 metros de altura.

Y diréis que soy una intensa, pero es que o se vive intensamente o no se vive.

Y soy realista. Y hay personas que no volveré a ver. Y otras que pasaran a formar parte de mi vida o que he tenido la oportunidad de conocer más. Y aunque las situaciones sean variadas, me hace feliz vivir experiencias que se quedan en el recuerdo. Me vuelvo con impulso para más, con ganas, con motivación y con la certeza de que somos capaces de hacer mucho. Y eso es lo importante. Diabéticxs, no diabeticxs, tanzanos, españoles, niñxs, adultos, con experiencia previa o sin ella…personas al fin y al cabo. Con ganas de conocernos, a nosotras y al mundo, para hacer mejor cada día un poquito más.

Así qué, gracias @xperienciakilimanjaro

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